Reforma de las pensiones, otro gol del Gobierno a los pensionistas.

Fátima Báñez ha presentado su Reforma de las Pensiones y ha aseverado: “Con esta reforma las pensiones nunca bajarán ni se congelarán”, y posteriormente ha explicado que las pensiones ya no se indexarán al IPC. Esto en cristiano significa que no se ajustaran a la inflación. Hasta ahora las pensiones se ajustaban anualmente a las subidas de la inflación, lo que no es mucho, pero permite que no se pierda el poder adquisitivo, cuya pérdida quizás no se siente en el bolsillo de un año para otro, pero si a lo largo del tiempo.

En países desarrollados como España y el resto de Europa la inflación rara vez supera el 5% anual, incluso cualquier inflación de una sóla cifra es considerada normal. Actualmente en España la inflación es de un 1,77%  Es decir este año cada jubilado recibe su pensión más un reajuste de un 1,77% anual.

Esta medida la Ministra la ha suprimido y la ha reemplazado por un llamado “suelo mínimo” que establece una revalorización anual de en un 0,25% mínimo, ligándola al Presupuesto Fiscal. Esto significa que si hay superávit presupuestario (el que ya sabemos que no habrá en varios años por la gigantesca deuda pública) se revalorizarán mas, y si hay déficit presupuestario, se revalorizarán menos, pero en ningún caso inferior al suelo establecido de 0,25% anual.

Dónde está la falacia de Báñez. Si la inflación es superior a un 0,25% anual el poder adquisitivo real de los jubilados baja. No es una bajada nominal, es una bajada real. El jubilado seguirá recibiendo los mismo 650€, por ejemplo, pero si la inflación es como en el presente año de un 1,77%,  el poder adquisitivo de esos 650€ disminuirá un 1,77%, menos el suelo de revalorización mínima de 0,25%, es decir en términos reales se devaluará en un 1,52% (el resultado de 1,77 – 0,25). Las mismas pensiones que en el modelo actual, y suprimido hoy por el Gobierno, no se devaluaban perderán anualmente entre un 1,50% y un 2% de poder adquisitivo real.

Por tanto, señora Báñez, las pensiones con su reforma sí se congelarán y sí bajarán en términos reales.

Otro gol del Gobierno a los pensionistas, que no contento con mentirles durante la campaña electoral a diestra y siniestra, vuelve a hacer lo que decía que no haría. Tocar las pensiones.

Incluso los pensionistas que siguieron los consejos de esta misma ministra de encomendarse a la Virgen del Roció, les sirvió de nada.

¡Dimita por favor, Señora!

Me refiero a la Ministra no a la Virgen… ¿o quizás a las dos?

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Una mentira mil veces repetida… se transforma en verdad. (Joseph Goebbels)

Es indiscutible que la pluralidad periodística es muy importante para toda sociedad democrática, y es por esto que todo demócrata de corazón tiene el impulso natural a tolerar a esos medios que en ocasiones tanta ira nos provocan con sus portadas, informaciones o comentarios. Pero todo tiene un límite, y éste se trasgrede cuando se manipula la información, se falsean los datos y se miente descaradamente, con el fin de defender los intereses de personas o instituciones que han cometido delitos u operaciones reñidas con la ética, con el fin de protegerlos de la acción de la justicia, de la opinión pública, o peor aún para que sigan con sus oscuros trapicheos a la sombra.

La prensa llamada “conservadora”, que no es más que un eufemismo para no decir de “extrema derecha”, tiene la costumbre de infringir éste límite ético, haciendo un periodismo que no pretende informar ni relatar hechos,  sino que intenta establecer ideas que defiendan principalmente al Gobierno, al Partido Popular, a la cúpula de la Iglesia y a determinado grupo de empresarios. Algunos ejemplos de estos medios de comunicación a nivel nacional son:  La Razón, Intereconomía, 13Tv o ABC.

A este tipo de periodismo no le importa que la información que presentan a modo de notas, columnas, crónicas o reportajes, no esté basada en hechos reales ni sean veraces. Prueba de ello es que muchas veces ni se molestan en seguir las normas éticas más básicas del periodismo, como confirmar fuentes, cotejar información o investigar sin conclusiones previamente establecidas. El único interés de estos medios es implantar en sus audiencias las ideas que establecen, desde la sede de Génova, los ideólogos políticos del Partido Popular. No importa si estas ideas están reñidas con la realidad más evidente, o si son contradictorias con ideas que ellos mismos defendieron como ciertas en el pasado reciente, e incluso si contradicen dictámenes judiciales o pruebas avaladas por la justicia. Lo importante es que su verdad penetre en la ciudadanía como la “gran verdad”: única y absoluta.

La idea de que: “la verdad está allá afuera”, y por tanto hay que ir a buscarla, como instruiría cualquier académico a los alumnos en los primeros años de la carrera de periodismo, para estos medios de extrema derecha no es válida. Para ellos es el Gobierno, o el Partido Popular, quien dicta lo que es real y lo que no es real, la premisa que parecieran practicar es: “La verdad está en Génova”, y para encontrarla es tan fácil como reproducir fielmente el comunicado de prensa del partido, o el argumentario interno que entregan cada lunes a sus medios afines.

Es así como escuchamos al unísono los argumentos del PP reproducidos en estos medios, y a través de sus tertulianos en los distintos medios del país, como si fueran un ejército de portavoces perfectamente adiestrados. Tanto es así que son capaces de repetir hasta la saciedad sus ideas, sin matices, sin cuestionamientos, sin el adecuado cotejo de la información entregada. Incluso sin el pudor de parecer una cotorra o un alienado que repite un discurso insertado en un cerebro previamente lavado.

La falta de rigor periodístico se aprecia comúnmente en estos medios, como por ejemplo, en la presentación parcial de noticias, sin entregar la contrapartida o el contexto en el que se encuentra esa información. Es común también las interpretaciones antojadizas e interesadas, e incluso se llega al punto de titular en sus portadas con meras opiniones, o deseos de los directores de estos medios de lo que les gustaría que sucediera.  (Ver algunos ejemplos a pie de artículo)

La implantación de la duda también es de uso común, no hay nada mejor para minar la credibilidad de alguien, o desviar la atención sobre algo que insinuar, sugerir o contaminar con información trivial para no esclarecer la realidad. Es decir la práctica del popular axioma: “lanza la piedra y oculta la mano”.

Estas informaciones son presentadas como ideas absolutas, incuestionables e irrefutables. Niegan cualquier evidencia que las cuestione y las defienden tozudamente, en ocasiones contra la realidad o el sentido común más obvios. Muchas veces cuando los intereses políticos cambian y lo que antes se defendía con virulencia de un día a otro se deja de defender, estos medios dan verdaderas volteretas en el aire, con giros lingüísticos y piruetas semánticas increíbles. La abundancia de estas situaciones en la hemeroteca confirma que los medios de la extrema derecha no tienen vergüenza de caer en contradicciones, ya que tienen la certeza  de que su público ejerce un verdadero acto de fe cuando consume sus noticas. Y cuando la contradicción es ostensiblemente evidente, llegan al punto de establecer que la verdad que plantean es la verdad porque ellos, y a los que defienden, son personas de una honradez irrefutable, es decir: “Mi verdad es verdadera, porque es mía”.

Para demostrar lo expuesto basta con ver o escuchar estos medios cualquier día del año, y en este sentido el Caso Bárcenas ha sido un excelente ejemplo de hasta dónde puede llegar este periodismo en su fin último: defender determinados grupos de interés. De hecho en los últimos meses hemos podido contemplar con sorpresa cómo estos medios de comunicación,  que pretenden erigirse como baluartes de la moral, las buenas costumbres, la democracia y el Estado de derecho, no tienen ningún problema en hacer una verdadera apología a la corrupción al defender el silencio del Presidente de Gobierno en relación al caso Bárcenas. Es más, apoyan directa e indirectamente la falta de explicaciones de Rajoy sobre el caso. El oscurantismo que se ha generado en torno al ex tesorero se debe en gran medida a la intención de estos medios de amparar la falta de explicaciones de Rajoy. ¡Hay algo menos periodístico que proteger la falta de información! ¡hay algo menos democrático que defender la opacidad de los gobernantes!

“Una mentira mil veces repetida… se transforma en verdad”, decía Joseph Goebbels, el jefe de la propaganda nazi, pero esto evidentemente no puede ser una premisa para una democracia en pleno Estado de derecho. La misión de la prensa siempre debe ser informar con veracidad, porque la prensa es lo que permite que una democracia funcione sanamente. La manipulación de la información periodística confunde, en ocasiones genera alarma, incertidumbre y termina, muchas veces, por constituirse en una verdad. Y sobre la mentira, es muy difícil construir una sociedad democrática.

portadas la razón                          periodicos comparacion fachas

Qué debemos esperar de la comparecencia de Rajoy.

El Presidente ha decidido comparecer para explicar las múltiples acusaciones surgidas en la última declaración de Bárcenas frente al juez Ruz.

No es un ejercicio de transparencia por parte del Gobierno, que han intentado por todo método de evitar siquiera mencionar el tema. Tampoco es por la presión ejercida por la oposición y su tímida moción de censura,  ni tampoco por la ciudadanía a través de algunas manifestaciones frente a la sede del PP en Génova. Al parecer lo que ha determinado que el Presidente se plantee la comparecencia pública es la presión internacional que poco a poco se comienza a manifestar con más o menos fuerza a través de algunas publicaciones. Y es que al  Gobierno le incomoda mucho cuando la prensa internacional más conservadora como el Financial Times, se preguntan cómo es posible que el Presidente del Gobierno español no explique las imputaciones hechas en sede judicial por el ex tesorero de su partido.

Son muchas las acusaciones que debe aclarar el Presidente, se trata de supuestos delitos muy graves y que se han prolongado durante mucho tiempo. Los indicios que apuntan a una financiación ilegal del partido mediante el cohecho de empresarios que se beneficiaban con licitaciones públicas, son sólidos. Pero esto se agrava con el absurdo manejo comunicacional que ha tenido el PP de esta crisis política generada en su seno. En este sentido son muy graves las mentiras que han quedado al descubierto y que han surgido de los más altos dirigentes del Partido Popular, incluido el propio Presidente cuando negaba estar al corriente de lo que sucedía en su partido y negaba su relación cordial y fluida, hasta hace pocas semanas, con el ex tesorero.

Hay mucha información, muchos indicios, declaraciones y contradeclaraciones, mucha incertidumbre y una sensación generalizada de que el Gobierno no quiere dar la cara, lo que se confirma en cada acto público donde el Presidente y sus ministros esquivan a la prensa de formas cada vez más absurdas, poniendo cara como si el tema no fuera con ellos.

En un ejercicio de desprecio absoluto hacia la Libertad de Expresión, el Presidente de Gobierno sólo responde poco y mal en las obligatorias conferencias de prensa que le exige la CE cuando se reúne con otros jefes de Estado, mascullando entre dientes cosas como “la segunda (pregunta) ya tal…” insinuando que todo está contestado. O peor aún, pactando a la sombra con medios de comunicación a fin las preguntas que quiere responder.

La Libertad de Expresión es un derecho consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos, que en su árticulo nº 19  expresa: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

Como se puede constatar la Libertad de Expresión no es sólo el derecho a la libre manifestación de opiniones, sino también contempla el derecho fundamental de recibir información y que esta información sea veraz.  De esto se desprende la obligación legal y ética, además de la política que es evidente, que tiene el Gobierno a responder a las preguntas de la ciudadanía expresada por los medios de comunicación o en sede parlamentaria por los grupos políticos.

Un gobierno que no responde, que calla o esquiva las preguntas, viola uno de los Derechos fundamentales y universales del ser humano como es la Libertad de Expresión. Es obligación del Gobierno responder con veracidad, no se trata de quien gana la discusión y sale en portada como vencedor de un debate. Se trata de echar luz y esclarecer un hecho gravísimo. El Gobierno tiene entre manos la titánica labor, y deber, de aclarar el caso de corrupción más grave en la historia de la democracia española y nadie, ni izquierdas ni derechas, debiera permitir que las dudas se mantengan después de la asistencia del Presidente al Parlamento, del mismo modo que nadie debiera permitir que la última frase que pronuncie sea: “y tú más”.

De Adam Smith a Mariano Rajoy. Una brevísima explicación de los antecedentes históricos que dan origen a las medidas económicas del Partido Popular.

Para poder entender las reformas económicas del Gobierno de Mariano Rajoy es necesario hacer un pequeño ejercicio de investigación histórica, y encontrar la raíz del pensamiento político-económico que en la actualidad rige no sólo el  Gobierno del Partido Popular, sino también el de Angela Merkel, el FMI, el Banco Central Europeo y el de un gran número de países en el mundo. Hablamos del pensamiento Neoliberal.

Para hacer una muy brevísima historia de este pensamiento económico,  nos tenemos que situar en otra gran crisis, la considerada hasta hace poco tiempo la mayor de todas las crisis económicas: La Gran Depresión de los años 30’.

El fatídicamente famoso jueves 24 de octubre de 1929, conocido como el jueves negro, se produce el Gran Crack de la Bolsa de Nueva York, dejando a un sinfín de millonarios, banqueros, brookers, inversionistas, empresas y personas comunes y corriente en la absoluta ruina. Las razones: una burbuja provocada por la falta de regulaciones y fiscalizaciones del sistema financiero. El Gran Crack provocó la más grande crisis en Estados Unidos y terminó afectando a vastas regiones del planeta. El desempleo en Estados Unidos llegó casi al 25%.

Dos años después de la debacle económica y en un país devastado por la crisis, asume la presidencia Franklin D. Roosevelt quien diseñó lo que llamó el New Deal, un intento exitoso por reactivar la economía en base a inyectar dinero público para la construcción de grandes obras públicas, aunque ello significara un aumento del déficit, pero con la consecuencia inmediata de emplear a cientos de trabajadores para la construcción de carreteras, puentes, aeropuertos, etc, provocando una reactivación económica sin precedentes, al tiempo que demostraba en la práctica que los principios económicos liberales que habían llevado al Crack del 29’ eran erróneos.

El New Deal de Roosevelt dejó en evidencia que un Estado poderoso, con empresas a su cargo, generador de puestos de empleo y con la facultad de regular los mercados y no dejarlos a su libre arbitrio, como era la idea de los liberales, era un Estado que funcionaba perfectamente porque tenía la capacidad de reacción frente a los desajustes propios de los ciclos económicos.

Posterior a la Segunda Guerra no sólo Estados Unidos reafirmó su nuevo sistema económico sino también los países de Europa, y sería el economista inglés John Maynard Keynes quien sentaría las bases teóricas de esta forma de capitalismo que pretendía un desarrollo económico equilibrado socialmente así como el pleno empleo. A la postre el sistema keynesiano  también sería conocido como Estado del Bienestar.

Estados Unidos y Europa vivirían al amparo del keynesianismo durante los años 40, 50, 60, 70 y gran parte de los 80, y se situarían en la cima del desarrollo mundial,  creciendo no sólo en términos macro económicos, sino en derechos ciudadanos, en arte, en cultura y constituyéndose como un referente para el mundo, donde se  convivía en algo muy parecido a la paz social que siempre se había soñado.

Sin embargo mientras el mundo disfrutaba de un capitalismo keynesiano, había un pequeño reducto en Estados Unidos donde se reunían en un ambiente universitario, economistas, empresarios y políticos. Este lugar era la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, la cuna de un pensamiento económico que sería conocido como Neoliberalismo.

De la mano de su decano y premio Nobel, Milton Friedman, los economistas de Chicago desarrollaban un sistema económico basado en los principio liberales de economistas como Adam Smith y Ricardo, y que habían llevado al Crack del 29 y la posterior Gran Depresión. Sus ideas no suscitaban ningún interés ni respeto en los ámbitos intelectuales y políticos porque se veían como ideas reaccionarias y que tras la Gran Depresión habían demostrado estar completamente erradas. Sin embargo Milton Friedman y sus discípulos tenían el apoyo económico de algunos políticos conservadores y numerosas empresas para continuar con sus investigaciones, entre alguno de los grandes empresarios estaba la Fundación Rockefeller, por ejemplo.

En los años 50’ la Escuela de Chicago comenzaría a trabajar con algunas universidades conservadoras de algunos países latinoamericanos y especialmente con la Pontificia Universidad Católica de Chile. La idea de Friedman era adoctrinar a un selecto grupo de economistas chilenos buscando propagar su nuevo sistema económico. Los economistas chilenos formados al amparo de Friedman serían conocidos como los “Chicagos Boy’s” y mantendrían una relación de 4 décadas, hasta los años 80’, con la universidad norteamericana.

Pero pese al creciente número de seguidores en distintos ámbitos de la sociedad el neoliberalismo no era más que una utopía, una doctrina económica con un carácter bastante ideológico y percibida por políticos e intelectuales como simples ideas sin ninguna ligazón con el mundo real. Ningún partido político se le ocurriría en ese momento aventurarse a destruir el Estado Bienestar por una quimera de un puñado de economistas que parecían estar en una torre de marfil, y porque la economía y las sociedades desarrolladas parecían crecer sanamente al amparo de un sistema económico que por primera vez parecía traer bienestar y una paz duradera a Europa y Estados Unidos.

No sería sino hasta principios de los años 70’ cuando a la Escuela de Chicago se le presentaría una oportunidad inmejorable y única para poner en práctica su nueva teoría económica.

El 4 de noviembre de 1970 el electo Presidente de Chile Salvador Allende tomaba posesión de su cargo. Su idea era instaurar un sistema socialista pero con la particularidad de ser la primera vez en el mundo que se accedía a un gobierno de inspiración marxista a través de una elección democrática. Allende, y gracias al apoyo en las urnas del electorado chileno, iniciaría una profunda transformación de la sociedad, expropiando empresas y tierras para entregárselas a los mismos trabajadores, al tiempo que nacionalizaba las empresas norteamericanas que explotaban el cobre.

En el mismo 1970 el más importante alumno de Milton Friedman, el chileno Sergio de Castro, egresado en economía de la Universidad Católica y con dos postgrados en la Escuela de Chicago, recibiría un encargo de la Armada chilena. Los almirantes y generales chilenos le pidieron a Sergio de Castro que desarrollara un sistema económico de choque para cuando los militares tomaran el control del país.

El resultado sería un documento de más de 400 páginas redactado por el Chicago Boy’s, que sería conocido como “el ladrillo”, y que alcanzaría una importancia insospechada. Tres años después del primer contacto de los militares con Sergio de Castro, el 11 de septiembre de 1973, los militares chilenos llevan a cabo un sangriento golpe de Estado aplastando sin compasión el experimento socialista de Allende y asaltando el Palacio de Gobierno donde perdería la vida el Presidente chileno.

Un día después, y con cientos de muertos aún por las calles, detenidos que nunca aparecerían y un clima de caos generalizado, el general Augusto Pinochet recibía a Sergio de Castro en su despacho y  una de sus primeras medidas sería dar carta blanca a los Chicagos boy’s para aplicar sin restricciones y con absoluta libertad el plan económico diseñado por los discípulos de Milton Friedman.

Por primera vez la Escuela de Chicago tendrían la oportunidad de aplicar sus novedosas medidas económicas en un contexto real, en un país que se caracterizaba por la sobriedad de sus habitantes, por su clima agreste, por la riqueza en sus recursos naturales y la calidad en la formación de sus técnicos y profesionales. La escuela de Chicago y el Neoliberalismo comenzaría sus andanzas desde este humilde país y poco a poco irían ganando terreno, hasta llegar a nuestros días como el principal pensamiento económico. En la actualidad sus ideas han invadido prácticamente todos los países desarrollados del planeta e incluso los partidos socialistas a mediados de los años 80’ y principio de los 90’  decidieron adoptar muchas de sus ideas.

El experimento neoliberal chileno tuvo más aspectos negativos que positivos, incluida una gigantesca crisis provocada por sus medidas que estallaría el año 82’. Pero aún así hubo dos países que adoptaron a mediados de los 80’ el sistema neoliberal. Estados Unidos con el Presidente Ronald Reagan y la Inglaterra de Margaret Thatcher. La principal motivación para aplicar el sistema de Friedman fue que efectivamente había demostrado reducir rápidamente la inflación, pero sobre todo por los aparentemente sólidos argumentos sobre las virtudes de dejar nuevamente los mercados libres de las intervenciones estatales, incluso en temas tan sensibles como el mercado laboral, lo que en definitiva llevaba a una reducción de salarios y beneficios laborales. Mal para los trabajadores, bien para los empresarios.

Por otra parte el neoliberalismo planteaba la idea de reducir al máximo el rol del Estado, lo que dio origen a las numerosas privatizaciones de empresas, con el consecuente rédito económico a favor de las arcas públicas que terminó por silenciar cualquier crítica coyuntural, aunque esto significara un desmantelamiento del Estado, a la vez que mermaba su capacidad para actuar frente a los ciclos económicos depresivos. Pero para estos gobiernos fue más importa el hecho que significaba un excelente negocio para las empresas compradoras.

En la actualidad los políticos de derecha intentan sistemáticamente negar el papel histórico que tuvo el Keynesianismo y presentan las ideas neoliberales como el único sistema económico viable, y que la alternativa a éste es la Cuba de Castro o el “caos izquierdista”. Al mismo tiempo que intentan ocultar el hecho histórico que este sistema ya fue probado en numerosos países, principalmente latinoamericanos, y que en todos tuvo resultados desastrosos.

Del mismo modo la derecha siempre niega el hecho que precisamente los países donde las medidas neoliberales han sido desechadas o muy restringidas por el Estado, y donde se mantienen vigentes los principios Keynesianos, como es el caso de Noruega o Suecia, son los países que se consideran más desarrollados del mundo y donde existen menos desigualdades sociales.

Bibliografía recomendada.

La Doctrina del Shock, Naomi Klein.

El malestar en la globalización, Joseph E. Stiglitz.

Entre el Neoliberalismo y el Crecimiento con Equidad: Tres Décadas de Política Económica en Chile, Ricardo Ffrench-Davis.

Cuando el dólar estaba a 39 pesos. La historia del tipo de cambio fijo nominal en Chile. Tesis de grado de Javier de Pinaga. Disponible en la Biblioteca del Banco Central de Chile.

Las Reformas del Gobierno: un nuevo guión para el clásico de Robert Zemeckis “Volver al Pasado”.

El Gobierno del Partido Popular nos intenta convencer que sus reformas nos llevan hacia adelante, hacia un futuro que se plantea de paz y prosperidad, según dicen. Pero la verdad es que es difícil ver cómo con reformas tan discordantes para la sociedad en su conjunto se puede llegar a un estado de equilibrio social.

La reforma por definición es un cambio de situación en un orden, régimen u objeto, con lo que se pretende unas transformaciones aceleradas de determinados procesos sociales, políticos, económicos o de cualquier orden de cosas. Y eso es la que la distingue de una evolución normal que implica una transformación continua, constante, en cierta medida, pero sin un punto de inflexión que acelere el cambio. Por tanto la reforma es entendida como un cambio de velocidad hacia adelante, hacia la evolución de las sociedades.

Pero cuando tenemos un Gobierno que denomina “reformas” a medidas que merman los derechos de los ciudadanos como vemos en el caso de la salud, el trabajo, o en la Ley del aborto, la Ley de educación, o cuando la reforma judicial significa perder la igualdad en el acceso a  la justicia por parte de los ciudadanos, o cuando la iglesia católica mete sus sotanas en las aulas como en la época de Franco, no podemos hablar de un favorable impulso hacia adelante, sino que más bien de un giro en 180º hacia atrás: A esto se le llama por tanto un contra reforma. Las ha habido en la historia de la humanidad con bastante frecuencia, basta echarle un vistazo a las dictaduras latinoamericanas de los 70 y 80’, o a los gobiernos populistas en esta misma región, o a los gobiernos con fuerte componente religioso en países de oriente, y los resultados siempre son nefastos para las sociedades que las sufren.

Pero pese al empecinamiento que tienen algunos por llevarnos hacia atrás la inexorabilidad del tiempo, tarde o temprano, provoca el impulso natural de ir hacia adelante, y los gobernantes se ven superados por una marea que son las sociedades, que terminan por tumbar sus reaccionarios y melancólicos intentos por llevarnos al pasado, y esto se consigue con sociedades convencidas de avanzar, con personas que se oponen al retroceso de derechos trabajosamente conquistados con sudor y sangre, y con la fuerte convicción que el futuro, ese lugar hipotético en el tiempo, es mejor porque existirá una mayor justicia social, y personas que vivan en armonía y en respeto con los derechos fundamentales del ser humano.