De Adam Smith a Mariano Rajoy. Una brevísima explicación de los antecedentes históricos que dan origen a las medidas económicas del Partido Popular.

Para poder entender las reformas económicas del Gobierno de Mariano Rajoy es necesario hacer un pequeño ejercicio de investigación histórica, y encontrar la raíz del pensamiento político-económico que en la actualidad rige no sólo el  Gobierno del Partido Popular, sino también el de Angela Merkel, el FMI, el Banco Central Europeo y el de un gran número de países en el mundo. Hablamos del pensamiento Neoliberal.

Para hacer una muy brevísima historia de este pensamiento económico,  nos tenemos que situar en otra gran crisis, la considerada hasta hace poco tiempo la mayor de todas las crisis económicas: La Gran Depresión de los años 30’.

El fatídicamente famoso jueves 24 de octubre de 1929, conocido como el jueves negro, se produce el Gran Crack de la Bolsa de Nueva York, dejando a un sinfín de millonarios, banqueros, brookers, inversionistas, empresas y personas comunes y corriente en la absoluta ruina. Las razones: una burbuja provocada por la falta de regulaciones y fiscalizaciones del sistema financiero. El Gran Crack provocó la más grande crisis en Estados Unidos y terminó afectando a vastas regiones del planeta. El desempleo en Estados Unidos llegó casi al 25%.

Dos años después de la debacle económica y en un país devastado por la crisis, asume la presidencia Franklin D. Roosevelt quien diseñó lo que llamó el New Deal, un intento exitoso por reactivar la economía en base a inyectar dinero público para la construcción de grandes obras públicas, aunque ello significara un aumento del déficit, pero con la consecuencia inmediata de emplear a cientos de trabajadores para la construcción de carreteras, puentes, aeropuertos, etc, provocando una reactivación económica sin precedentes, al tiempo que demostraba en la práctica que los principios económicos liberales que habían llevado al Crack del 29’ eran erróneos.

El New Deal de Roosevelt dejó en evidencia que un Estado poderoso, con empresas a su cargo, generador de puestos de empleo y con la facultad de regular los mercados y no dejarlos a su libre arbitrio, como era la idea de los liberales, era un Estado que funcionaba perfectamente porque tenía la capacidad de reacción frente a los desajustes propios de los ciclos económicos.

Posterior a la Segunda Guerra no sólo Estados Unidos reafirmó su nuevo sistema económico sino también los países de Europa, y sería el economista inglés John Maynard Keynes quien sentaría las bases teóricas de esta forma de capitalismo que pretendía un desarrollo económico equilibrado socialmente así como el pleno empleo. A la postre el sistema keynesiano  también sería conocido como Estado del Bienestar.

Estados Unidos y Europa vivirían al amparo del keynesianismo durante los años 40, 50, 60, 70 y gran parte de los 80, y se situarían en la cima del desarrollo mundial,  creciendo no sólo en términos macro económicos, sino en derechos ciudadanos, en arte, en cultura y constituyéndose como un referente para el mundo, donde se  convivía en algo muy parecido a la paz social que siempre se había soñado.

Sin embargo mientras el mundo disfrutaba de un capitalismo keynesiano, había un pequeño reducto en Estados Unidos donde se reunían en un ambiente universitario, economistas, empresarios y políticos. Este lugar era la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago, la cuna de un pensamiento económico que sería conocido como Neoliberalismo.

De la mano de su decano y premio Nobel, Milton Friedman, los economistas de Chicago desarrollaban un sistema económico basado en los principio liberales de economistas como Adam Smith y Ricardo, y que habían llevado al Crack del 29 y la posterior Gran Depresión. Sus ideas no suscitaban ningún interés ni respeto en los ámbitos intelectuales y políticos porque se veían como ideas reaccionarias y que tras la Gran Depresión habían demostrado estar completamente erradas. Sin embargo Milton Friedman y sus discípulos tenían el apoyo económico de algunos políticos conservadores y numerosas empresas para continuar con sus investigaciones, entre alguno de los grandes empresarios estaba la Fundación Rockefeller, por ejemplo.

En los años 50’ la Escuela de Chicago comenzaría a trabajar con algunas universidades conservadoras de algunos países latinoamericanos y especialmente con la Pontificia Universidad Católica de Chile. La idea de Friedman era adoctrinar a un selecto grupo de economistas chilenos buscando propagar su nuevo sistema económico. Los economistas chilenos formados al amparo de Friedman serían conocidos como los “Chicagos Boy’s” y mantendrían una relación de 4 décadas, hasta los años 80’, con la universidad norteamericana.

Pero pese al creciente número de seguidores en distintos ámbitos de la sociedad el neoliberalismo no era más que una utopía, una doctrina económica con un carácter bastante ideológico y percibida por políticos e intelectuales como simples ideas sin ninguna ligazón con el mundo real. Ningún partido político se le ocurriría en ese momento aventurarse a destruir el Estado Bienestar por una quimera de un puñado de economistas que parecían estar en una torre de marfil, y porque la economía y las sociedades desarrolladas parecían crecer sanamente al amparo de un sistema económico que por primera vez parecía traer bienestar y una paz duradera a Europa y Estados Unidos.

No sería sino hasta principios de los años 70’ cuando a la Escuela de Chicago se le presentaría una oportunidad inmejorable y única para poner en práctica su nueva teoría económica.

El 4 de noviembre de 1970 el electo Presidente de Chile Salvador Allende tomaba posesión de su cargo. Su idea era instaurar un sistema socialista pero con la particularidad de ser la primera vez en el mundo que se accedía a un gobierno de inspiración marxista a través de una elección democrática. Allende, y gracias al apoyo en las urnas del electorado chileno, iniciaría una profunda transformación de la sociedad, expropiando empresas y tierras para entregárselas a los mismos trabajadores, al tiempo que nacionalizaba las empresas norteamericanas que explotaban el cobre.

En el mismo 1970 el más importante alumno de Milton Friedman, el chileno Sergio de Castro, egresado en economía de la Universidad Católica y con dos postgrados en la Escuela de Chicago, recibiría un encargo de la Armada chilena. Los almirantes y generales chilenos le pidieron a Sergio de Castro que desarrollara un sistema económico de choque para cuando los militares tomaran el control del país.

El resultado sería un documento de más de 400 páginas redactado por el Chicago Boy’s, que sería conocido como “el ladrillo”, y que alcanzaría una importancia insospechada. Tres años después del primer contacto de los militares con Sergio de Castro, el 11 de septiembre de 1973, los militares chilenos llevan a cabo un sangriento golpe de Estado aplastando sin compasión el experimento socialista de Allende y asaltando el Palacio de Gobierno donde perdería la vida el Presidente chileno.

Un día después, y con cientos de muertos aún por las calles, detenidos que nunca aparecerían y un clima de caos generalizado, el general Augusto Pinochet recibía a Sergio de Castro en su despacho y  una de sus primeras medidas sería dar carta blanca a los Chicagos boy’s para aplicar sin restricciones y con absoluta libertad el plan económico diseñado por los discípulos de Milton Friedman.

Por primera vez la Escuela de Chicago tendrían la oportunidad de aplicar sus novedosas medidas económicas en un contexto real, en un país que se caracterizaba por la sobriedad de sus habitantes, por su clima agreste, por la riqueza en sus recursos naturales y la calidad en la formación de sus técnicos y profesionales. La escuela de Chicago y el Neoliberalismo comenzaría sus andanzas desde este humilde país y poco a poco irían ganando terreno, hasta llegar a nuestros días como el principal pensamiento económico. En la actualidad sus ideas han invadido prácticamente todos los países desarrollados del planeta e incluso los partidos socialistas a mediados de los años 80’ y principio de los 90’  decidieron adoptar muchas de sus ideas.

El experimento neoliberal chileno tuvo más aspectos negativos que positivos, incluida una gigantesca crisis provocada por sus medidas que estallaría el año 82’. Pero aún así hubo dos países que adoptaron a mediados de los 80’ el sistema neoliberal. Estados Unidos con el Presidente Ronald Reagan y la Inglaterra de Margaret Thatcher. La principal motivación para aplicar el sistema de Friedman fue que efectivamente había demostrado reducir rápidamente la inflación, pero sobre todo por los aparentemente sólidos argumentos sobre las virtudes de dejar nuevamente los mercados libres de las intervenciones estatales, incluso en temas tan sensibles como el mercado laboral, lo que en definitiva llevaba a una reducción de salarios y beneficios laborales. Mal para los trabajadores, bien para los empresarios.

Por otra parte el neoliberalismo planteaba la idea de reducir al máximo el rol del Estado, lo que dio origen a las numerosas privatizaciones de empresas, con el consecuente rédito económico a favor de las arcas públicas que terminó por silenciar cualquier crítica coyuntural, aunque esto significara un desmantelamiento del Estado, a la vez que mermaba su capacidad para actuar frente a los ciclos económicos depresivos. Pero para estos gobiernos fue más importa el hecho que significaba un excelente negocio para las empresas compradoras.

En la actualidad los políticos de derecha intentan sistemáticamente negar el papel histórico que tuvo el Keynesianismo y presentan las ideas neoliberales como el único sistema económico viable, y que la alternativa a éste es la Cuba de Castro o el “caos izquierdista”. Al mismo tiempo que intentan ocultar el hecho histórico que este sistema ya fue probado en numerosos países, principalmente latinoamericanos, y que en todos tuvo resultados desastrosos.

Del mismo modo la derecha siempre niega el hecho que precisamente los países donde las medidas neoliberales han sido desechadas o muy restringidas por el Estado, y donde se mantienen vigentes los principios Keynesianos, como es el caso de Noruega o Suecia, son los países que se consideran más desarrollados del mundo y donde existen menos desigualdades sociales.

Bibliografía recomendada.

La Doctrina del Shock, Naomi Klein.

El malestar en la globalización, Joseph E. Stiglitz.

Entre el Neoliberalismo y el Crecimiento con Equidad: Tres Décadas de Política Económica en Chile, Ricardo Ffrench-Davis.

Cuando el dólar estaba a 39 pesos. La historia del tipo de cambio fijo nominal en Chile. Tesis de grado de Javier de Pinaga. Disponible en la Biblioteca del Banco Central de Chile.

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